DEVOCIONAL



UNA LECCIÓN PARA EL QUE SE PREOCUPA DEMASIADO.

¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida? Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas. (Mateo 6:27,34)

Usted no puede cambiar el pasado, pero puede arruinar el presente preocupándose por el mañana. Y ¿cuántas veces no hemos dejado que la preocupación arruine un día perfectamente bueno?
La preocupación tiene resultados dañinos. Por ejemplo, da lugar a úlceras, nerviosismo, dolores de cabeza, brotes de mal humor y noches de insomnio, para
nombrar sólo algunos resultados. Además, nos hace miserables e infelices y termina creando más problemas en vez de resolverlos.

Cristo nos enseña que nadie ha añadido años a su vida preocupándose. Ni nadie
lo hará. ¡Qué tonto, entonces, preocuparse! ¡Qué inútil estar ansioso! ¡Pero lo olvidamos! En nuestro pecado, encontramos todo tipo de cosas para preocuparnos. La preocupación es un pecado y revela una falta de confianza en Dios
y en su providencia. Un cristiano que se preocupa, por una parte reconoce el poder todopoderoso de Dios, pero por la otra está diciendo: “No estoy muy seguro de que lo tienes todo bajo control, Señor”.
No debemos olvidar que Dios es constante, es decir, que él no cambia. 

No se olvida de nosotros ni tampoco nos priva de bendiciones. Él cuida totalmente de
nuestra vida, de cada detalle y en todo momento. La preocupación no elimina la enfermedad, ni pone comida sobre la mesa, ni paga las cuentas, ni resuelve los
problemas. Pero Dios sí. Con su gracia, él nos invita a acudir a él en oración y a entregarle a él todas nuestras preocupaciones, ansiedades y problemas.

Entrégueselas a Dios. Deje que él se encargue de ellas. No hay necesidad de desvelarse en las noches, ni de contraer úlceras, ni de llevar una existencia miserable
de preocupación y ansiedad. ¡Dios tiene el control!

Nuestras vidas pueden volverse muy agitadas y complejas y podemos sentir que estamos al borde del abismo. ¡Qué maravilloso poder desahogar nuestros corazones
en Dios con confianza total en que él se hará cargo y hará lo mejor! Preocuparse es pecado. Llevemos nuestras preocupaciones a Dios en oración.


¡Oh, qué amigo nos es Cristo!
Él llevó nuestro dolor,
Y nos manda que llevemos 
Todo a Dios en oración.
¿Vive el hombre desprovisto
De paz, gozo y santo amor?
Esto es porque no llevamos
Todo a Dios en oración. Amén.

Comentarios