¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida?
(Mateo 6:27
Una madre se preocupa por su hijo quien salió con sus amigos en la noche de un viernes. Ella sabe que él es un muchacho bueno y responsable, pero de todas maneras se preocupa. Muchas cosas pueden sucederle. Su esposo se preocupa por su trabajo. ¿Los problemas en la tienda continuarán aumentando hasta que se vea forzado a buscar otro trabajo? ¿Dónde encontrará un trabajo con un sueldo que sea suficiente para cubrir todos los gastos de la familia? El hijo, que estudia secundaria, se preocupa por sus calificaciones. ¡Supongamos que no pasa el último examen de química! ¿Reprobará el curso? Y si lo reprueba, ¿podrá entrar a la universidad? Su hermana mayor está en la universidad y las clases le parecen muy fáciles. Pero a ella le preocupa no encontrar a alguien adecuado para casarse. Ya tiene 20 años y no tiene un novio estable. Esta familia es más típica de lo que debería ser. Ellos representan muchas horas de insomnio, incontables porciones de buena comida dejadas sobre la mesa, y horas tras horas de irritabilidad. Pero, ¿qué están logrando el padre, la madre, el hijo y la hija con su preocupación? Casi lo mismo que lograrían si cada uno de ellos, por los poderes de la concentración, estuviera tratando de crecer un centímetro. La preocupación no resuelve los problemas. Sólo añade a nuestras penas. ¡Que tonterías! Encomendemos nuestro camino al Señor y confiemos en él. Él hará que todo termine bien. Él cuidará de Junior cuando está afuera con sus amigos y lo guiará a la carrera correcta, bien sea a través de la educación universitaria, o no. Además, él le encontrará un buen esposo a la hermana, si en su sabiduría él escoge unirla con un hombre en santo matrimonio.
A menos que el Señor sepa que es mejor poner una pesada cruz sobre toda la familia, el padre continuará teniendo la posibilidad de sostener a su esposa, a sus hijos y a sí mismo. En todos los casos, bien sea que las cosas funcionen exactamente como esperamos, o de otra forma, nuestro Padre celestial sólo nos envía las cosas que sabe que más nos convienen.
Él conoce nuestras necesidades y sabe mejor cómo suplirlas para que podamos permanecer como sus hijos Demos un paso atrás y démosle espacio a nuestro amado Padre para trabajar. Nuestros cerebros fueron hechos para resolver los problemas que están a nuestro alcance, no los que están más allá de nuestro control.
Nuestros corazones fueron hechos para la fe y el amor, no para la ansiedad. Dejemos que el Señor añada los centímetros a nuestra estatura. Él sabe qué tan altos debemos ser.
Amado Señor, líbranos de la preocupación pecaminosa y dolorosa. Amén.

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